Libros antiguos y Heráldica

Enrique Morales Cano nos regala preciosas palabras

 

El periodista y escritor Enrique Morales Cano nos dedica unas emocionantes líneas  en el Noticiero Segoviano. Queremos compatirlas con vosotros.

 

 

ANGEL Y SU LIBERBODEGA por Enrique Morales Cano

«La »Liberbodega» está cerca de donde vive Doña Dominica, la hija marqués de Lozoya, en un aparte que adosa la Casa de las Cadenas.

Asiento de Beatriz de Bobadilla, la amiga de la infancia de Isabel la Católica, intimas y Católica, además de su confidente y consejera. Tan íntimas y compenetradas estaban, que llegaría a ser objeto de un intento de asesinato, al confundirla con la reina. Allí abre las puertas el pequeño Paraíso que Ángel ofrece en forma de añoranza que acaba por ser alada. No hay un sitio así en parte alguna, sino sea producto de un artista. La serenidad de lo que no pasa en vano y queda en la cautela de que gusta el tiempo. Abruma la belleza que prende delicada cual muestra todo. Se ve aquí la mano amorosa, el empaque que presta incluso el concurso de la melancolía. El equilibrio de su extremo conjunto. Lo que fija la vista en anaquel de la memoria. Ángel es un esteta. No le gusta que se lo digan pero es cierto. Guardián celoso de este entramado de silencio que es pausado, quieto. De la ortodoxia también que tiñe el recuerdo de lo que pasa, y en trance rememora el curso de la vida. Se ven libros a montones que enlazan con el día en que fueron leídos, dejan su sello y quedan luego empaquetados en el archivo de su propia gloria. Remembranza de que se creyó ido, pero todavía permanecía en su sitio. Viene a ser esto el rescate de un crónico olvido. La imagen replegada en sí misma, que vuelve a la vida por sus fueros dando vueltas. Es decir, el tiempo que hace molecularmente de todo. Erudito y bibliófilo. Ángel además es altruista, un filántropo, vamos. Está animado de ideas solidarias. Si por él fuera, el mundo tendría ipso facto claro remedio. Si pudiera hacerlo de inmediato, mejor lo enmendaría en extenso sentido. De la condición humana, es que sabe un rato. Aunque quizá no tampoco demostrarlo. Traspone su cultura -propia de erudito-, y la formación cívica que alberga. A veces parece que oculta su vena filosófica para que no se note mucho. Cuando coloca algo con su charla lo deja en lugar diferente que ocupaba. Así es su habla amena, cordial y suelta. Siempre, en todo caso, ilustrativa. Eso le honra de antemano. No deja una palabra suelta. La mide con propiedad de quien la extrae de la amplia alacena en que engasta la conciencia. Atrapa al vuelo hablando antiguas, con la gente. Ángel, pues, es capaz de buscarte el libro que nunca encuentras. Lo sabe todo de ediciones vivas o muertas. Rastrea cúmulo de catálogos antiguos y modernos dando brillo, desempolvando páginas para que salgan otra vez a relucir y respiren aire fresco. Asomadas ya al ruedo incierto de la vida. Sabe lo que encierra la trastienda de una memoria cumplida. La que se proyecta y vuelca de presente y pasado sobre el futuro inabarcable, siempre impredecible, que encierra. De hecho, parece que se aferra a las cosas para que no desaparezcan del todo; que no se hundan más, y aquí quedan… Es un milagro este rincón de la Segovia mágica que lo sustenta. ¿Cómo será posible que no haya cola para entrar en esta auténtica caja de sorpresas? ¿Rozar siquiera los sueños que en dicho lugar se depositan y representa? Ves rimeros de época, cúmulo de libros religiosos y de lo que sea, que apretados marchan decididos y conjuntos al techo. Hay ejemplares del «Capitán Trueno» y de «Hazañas bélicas», el clásico «TBO’; seguro que algún «Florita» para las niñas habrá rondando por medio. Cuanto de chicos nos compraban los padres en domingo a la salida de misa. Por ellos descubrimos, precisamente, que fuera de nosotros había más mundo. Barbotando, bullicioso incluso. Figuraciones son de que se creía desaparecido. Escamoteado y huido, pero que aún seguía vivo dentro de uno mismo. Próximo a la Diputación Provincial, envuelto por colegiales, «La liberbodega de Ángel» es digna de figurar en un «tour operator» que prestigie la ciudad de Segovia. Cuesta salir de aquí. Cuando nos marchamos, se dirige la mirada atrás, se comprueba con estupor que no es un espejismo. Ni otra entelequia más a redomado uso alternativo. Cada día abre las puertas. Parece el enganche de lo posible que cobra renovada fuerza, ventura y brío. Gracias, Ángel, por traernos la armonía que muestras a manos llenas…»

 

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